La encrucijada de la adolescencia

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Al leer el argumento de Patricia-Caroz para el PIPOL 8, me asaltó un recuerdo que no me dejó tranquila hasta que me puse a escribirlo. Me acordé de la película Kids[1] que había visto en 1997. En aquel momento tenía catorce años.

Intuitivamente, supe muy rápido que esos jóvenes, en la película, se dirigían hacia un destino funesto y no quería seguirlo.

La película cuenta la historia de un grupo de jóvenes que se entregan a la droga y a la promiscuidad sexual. Muestra la cara mucho menos romántica de la adolescencia, del que está en vías de devenir adulto, con los peligros que lo acechan en su camino. La película nos muestra el abismo delante del cual se encuentra el ser humano cuando entra en su vida de adulta.

Los dos sexos se enfrentan, y al mismo tiempo están extremadamente atraídos el uno por el otro. La historia gira alrededor de la pulsión insatisfecha de un adolescente que encontró su fijación en la caza de chicas vírgenes. Y la virgen es algo santo que hay que deshonrar, hay que desvalorizar la santidad para poder acercarse sin por ello aceptarla. La virginidad representa lo que se tiene siendo niño y lo que se pierde en la adolescencia, constituyendo así la falta[2] en la edad adulta. El agujero en la joven es la única cosa que el muchacho quiere y es quizá la razón por la cual la mujer posee su falta como algo de lo más valioso.

Ser destacado, ser importante, son las cosas que el adolescente más necesita. Pero el adolescente actual debe hacer frente a la indiferencia de los “adultos” – “orinas en la calle, te miran, pero no te ven”. En esa película, el adolescente encuentra también una figura de la madre caprichosa: la que amamanta a su bebé, cigarrillo en la boca y que se niega a dar dinero a su hijo porque no encontró trabajo.

¿Es la droga el modo de evadirse de ese real que pesa sobre el adolescente aun frágil? La respuesta de una de las chicas deja al descubierto la acción de la pulsión de muerte: “probar todo, vivir a toda velocidad, morir joven”. El fenómeno de “promiscuidad sexual” es otro ejemplo de ello. En aquellos años, esas prácticas podían llevarnos a una muerte anunciada por la transmisión del SIDA.

Por otra parte, los malentendidos de la lengua aparecen en el horizonte. Por un lado, los adolescentes toman prestado el lenguaje cínico de los “grandes”, tanto que piensan que son como ellos y, por otro lado, el uso de insultos para aliviar la tensión del cuerpo canalizándola por la lengua. Los adolescentes utilizan asimismo un lenguaje propio y del que sólo ellos conocen el código – “Ustedes tienen secretos para nosotros, nosotros tenemos secretos para ustedes”. Los jóvenes se quedan en grupos – la fuerza de la masa brinda confianza, da el sentimiento de pertenecer a algo, de ser importante para el grupo, de tener valor. El grupo da la seguridad de una familia, asegura que se está entre semejantes, y sus rituales alivian la tensión que siempre está actuando en el cuerpo.

Ese cuerpo que cambia, se metamorfosea – “apesta”, hay “matas de pelos”. Afortunadamente, tienes la banda con la que okupas – el cuerpo de los otros es el mismo que la imagen en el espejo – “tanto mi cuerpo como el tuyo son raros y cambian”. En lo que concierne la imagen del cuerpo, la búsqueda del reconocimiento del Otro es muy fuerte, llegando hasta el exhibicionismo – “Mírame. Cambio. ¿Te gusto? ¿Me deseas?

Esos mismos adolescentes son capaces de tender la mano y de dar una limosna a un mendigo sin piernas. Son también capaces de escuchar la música del músico ciego en el subterráneo “es realmente bueno, aquel, se parece a mi tío”.

Algunos “kids” viven a toda velocidad y mueren jóvenes. Uno de los actores se suicida a los 25 años y otro muere de sobredosis a los 31. Sin embargo, esta película marca el comienzo de la carrera de una de las estrellas hollywoodenses más controvertidas: Rosario Dawson quien, con el mismo éxito hace de prostituta en Sin City [La Gran Masacre] y hace también el doblaje de Campanilla en Peter Pan. Esta película nos muestra entonces que la salida de la adolescencia no es siempre feliz.

[1] Clark Larry, “Kids: vidas perdidas”, 1995

[2] N. de T.: el texto original en francés utiliza la palabra manque que se refiere a una ausencia, carencia o privación sin implicar el sentido moral de la falta para el que se usa el término faute.

Traducción : Christian Roy Birch

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