Producir fuerza a partir de lo débil

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Diciembre pasado, en el Teatro nacional de Bruselas, descubrí a una artista inclasificable en ninguna de las categorías habituales del arte de la escena, de la ópera, del circo o de la música. Un título tan extraño como equívoco me atrajo: Música en cuerpo.

Su compañía teatral se llama Lucilia Caesar. Ésta celebra sus 20 años y con esta ocasión Alternativas teatrales presenta un número estupendo. Ésta publicación desgrana la memoria de un circuito fuera de la norma y singular.

¿Qué realiza esta artista, Ingrid von Wantoch Rekowski, en cada una de sus obras?.

¿Es teatro? Sí, pero la palabra es infravalorada, el sentido barrido, la significación desplazada. El actor que ella dirige en escena, está más presente con su cuerpo que con sus palabras.

¿Es ópera? Sí también, pero sus actores no son cantantes profesionales. El actor que canta no se puede comparar con un “verdadero” cantante.

¿Es música? Sí todavía, pero ésta se encuentra subvertida desde el momento de la puesta en escena de los cuerpos y de los actores. Es el actor que se encuentra en el corazón del trabajo del artista y más precisamente, es el cuerpo del actor, un actor más elocuente por su cuerpo que por sus palabras.

“Se elabora así un lenguaje de cuerpo de los actores, que no es un cuerpo de bailarín, que no es un cuerpo circense, o sea que no es un cuerpo virtuoso recurriendo a una técnica específica. […] Esos cuerpos de actores, el artista los lanza allí donde a priori no tienen nada que hacer. Por ejemplo, en una cantata de Bach, en un cuadro de Rubens, en un universo wagneriano……”[3].

El efecto es sorprendente en algunos de sus espectáculos. Con ese desfase, ese continuo desplazamiento que el artista impone a sus actores, hay una inadecuación entre el cuerpo “imperfecto” de los actores, y la perfección (supuesta) de la obra.

“Ahí donde lo virtuoso de un cantante de ópera pasa rápidamente por una simple proeza técnica, por una gimnasia vocal impresionante, [….] el cantante actor ”torcido”, en una cierta forma de modular su debilidad, abre un espacio que atrae la atención del espectador.[….]. Si la perfección encanta a los aficionados de récords, lo incompleto favorece el compartir de lo imaginario”[4].

Jean-Marie Piemme, autor y profesor en el INSAS[5], se acerca con eso a lo que Jacques-Alain Miller nos enseña sobre una interpretación justa, o sea la que no se atrapa más que entre el sentido y el fuera-de-sentido, más que entre el significante y lo que le escapa.

En junio de 2017, antes de las jornadas de Pipol, podremos descubrir su próxima creación, Bug en el teatro Brigittines. Para desentumecer nuestras categorías significantes, y aprender a declinar con el fuera-de-la-norma, un espectáculo para no perdérselo.                                  

[3] Piemme, J.M., « Musique en corps », Alternatives théâtrales, Bruxelles, coédition Lucilia Caesar, hors-série n°20, décembre 2016, p. 62

[4] Ibid.

[4] Institut National Supérieur des Arts du Spectacle et des Techniques de Diffussion à Bruxelles.

Traducción : Soledad Gallego

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