¡De la norma, sacar provecho de singularidad!

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El sujeto que va a un servicio “mono síntoma” llega, respecto a ese síntoma, extraído de un estándar médico, con un nombre que lo califica. Así ocurre al sujeto en un servicio de adictología. Se viste del seudónimo: “adicto”, que no es cualquiera, pues es fruto de la norma sanitaria. Lo que implica que haya consentido antes más o menos a ponérselo, para lo mejor y para lo peor. Para lo mejor porque puede ser un primer significante para presentar, para lo peor porque puede fijarlo en el desecho que se consagra a encarnar.

¡Sea como sea, por lo menos por un tiempo, la adicción va a existir! Este síntoma que como iteración autoerótica funciona solo, que habitualmente no necesita a nadie, de repente necesita un sujeto que lo lleve. La oferta de un significante, mismo surgido del DMS, puede, golpearlo bien   bon-heurt*[1], molestarlo en su hibernación y llevarlo a formular una demanda.

¡No es seguro que sea la que los cuidadores esperan!¡ Para ellos resulta evidente que el sujeto aceptarà el remedio a su supuesto mal! Esa es la condición de su estancia: la prescripción de la abstinencia, subida al rango de regla de conducta, a la cual tendrá que conformarse imperativamente . Evidentemente, es hacer fi de la función que ocupa la adicción en la economía del sujeto, como respuesta defensiva al encuentro con lo real . Se le pide renunciar sin haber encontrado una solución de reemplazo. La aporía a la cual se enfrenta podría enunciarse así: el tóxico para mantenerse y ser mantenido, la abstinencia para quedarse en la institución. He aquí los efectos de la institución: su planificación simbólica e imaginaria pone de manifiesto un real, nacido de lo imposible producido por su discurso.

La institución se propone como una respuesta nueva. El sujeto que hasta entonces se negaba a depender del Otro, dispone. Se encuentra de múltiples maneras, la presa de la arbitrariedad de su goce, sin el corto-circuito del tóxico, con la institución como ùnico apoyo para hacer frente al terror de su capricho.

El goce del Otro es siempre a-normal, como sólo puede serlo el saber hacer con éso singular, lo que le queda al sujeto por inventar en la transferencia institucional… ¡En total, es todo un programa de clínica fuera de las normas!

 

[1] Bon-heurt: juego de palabras entre felicidad (bonheur) , buen golpe/choque (bon- heurt).

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