El goce de la palabra Joyceana

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Leer Finnegans Wake de Joyce es un encuentro con la singularidad, un encuentro que hace sentir las magulladuras ajenas en carne propia, divinamente alegre, a menudo sorprendente y a veces, cuando el significante yerra el golpe, completamente enloquecedor. Por una parte está la escritura del síntoma del lado del sentido, en el caso de Joyce, una inscripción del fracaso de la función fálica (?), y por otra, del lado del goce, está el sinthome que deriva en “una ascesis de la escritura que le parece [a Lacan] que tiene éxito sólo porque articula un ‘está escrito’, con el cual se instauraría la relación sexual”[ ]. La novela en sí es un sueño, una formación del inconsciente, un vórtice de significación –comenzando en el ombligo de la misma frase con la cual finaliza la novela -, y está tejida alrededor de un agujero. A pesar de las capas de sedimento del cifrado metonímico, el sentido no es lo único que está en juego; el efecto melodioso y homofónico de la versión poética de lalengua de Joyce va más allá de aquello que no cesa de no escribirse, más allá de la imposibilidad de escribir el significante de la falta en el Otro y en el sinthome.
Sin embargo, Finnegans Wake también es un libro para ser hablado. Un libro de discurso para atemperar el goce de la humanidad… Derek Pyle, director del proyecto Waywords and Meansigns – Recreando Finnegans Wake [en su entera enterumen Whole Wholume] – llegó a éste tras un encuentro fortuito con el Seminario XXIII de Lacan, mientras estudiaba con un analista lacaniano durante el pregrado en Hampshire College. Él me lo contó cuando nos reunimos para desayunar en Dublín, para discutir la posibilidad de una contribución a esta obra. Ahora el proyecto está en su tercera y última edición abierta (aunque aún está disponible para futuras contribuciones).
http://www.waywordsandmeansigns.com/contact/get-involved/ ).
Waywords and Meansigns clasifica Finnegans Wake – íntegro – como música, y contiene trabajos de poetas, escritores, compositores, actores, músicos, artistas, directores de cine y traductores (¿olvidé a los artistas circenses?). No hay ningún contrato de publicación o de grabación. Tampoco hay ningún tipo de corporativismo -ni como corriente principal ni de otro modo-, ni una campaña de marketing masiva y bien financiada. La participación es voluntaria y los colaboradores seleccionan un pasaje, una parte o incluso capítulos enteros del Wake, y luego graban su lectura en voz alta, infundidos (mojando el té, como Joyce hubiera dicho) en una pieza original de música. El proyecto, abierto a cualquiera, ha atraído la afiliación de músicos y artistas sueltos, tan diversos como eclécticos, y en esta época del empuje a la norma, esta labor llega a representar un verdadero acto de independencia colectiva, lo cual resulta tan refrescante como inusual. Otras personas han contribuido, como el icono de la música punk rock Mike Watt, la dramaturga de radio BBC Lavinia Murray, el pianista John Wolf Brennan y el compositor Seán Mac Erlaine.
¡Bien, si Von Wartburg, en 1946, señaló que la Académie… intentaba limpiar del lenguaje el goce de la palabra[ ], su equívoco y su ambigüedad, entonces Waywords and Meansigns, en 2017, lo está volviendo a traer! La tercera edición se lanza al público general a partir del 4 de mayo, se puede acceder en el siguiente enlace:

Waywords and Meansigns

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